
El salto de la parapsicología a la termodinámica Los investigadores de fenómenos anómalos fundamentan sus postulados en el principio de conservación de la energía. Su razonamiento sostiene que los aproximadamente 20 vatios de energía que mantienen operativo el cuerpo humano en reposo necesitan un destino una vez que el corazón se detiene. Bajo esta lógica deductiva, esa fuerza vital intacta se desprendería del cuerpo físico para vagar por el entorno, manifestándose presuntamente como las anomalías electromagnéticas que los equipos de medición parapsicológica registran en sus exploraciones de campo.
La ruta biológica y térmica del cuerpo humano La termodinámica aplicada a la biología de sistemas ofrece un rastro diametralmente opuesto y plenamente cuantificable. Toda la energía que posee un organismo biológico está contenida en forma química o térmica. Tras el deceso anatómico, el calor corporal se transfiere mediante radiación y convección al aire circundante hasta que los restos igualan la temperatura del entorno. La energía química almacenada en los tejidos orgánicos es metabolizada directamente por bacterias saprófitas, insectos necrófagos o fauna carroñera; si los restos son incinerados, la energía se libera rápidamente en forma de calor extremo y luz.
La disipación de la red bioeléctrica La actividad neuronal responsable de los impulsos eléctricos que los investigadores paranormales asocian al espíritu se apaga minutos después de la privación de oxígeno. La pequeña corriente bioeléctrica presente en el cerebro se detiene por completo una vez que se detiene la bomba de sodio-potasio de las membranas celulares. La materia orgánica restante es descompuesta por microorganismos que reciclan sus componentes, transfiriendo los nutrientes a la tierra y cerrando el ciclo energético natural sin dejar ningún campo electromagnético autónomo o residuo medible suspendido en la atmósfera.
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