Un equipo internacional de geofísicos ha cuantificado el colapso del lecho oceánico tras la erupción del volcán submarino Hunga en enero de 2022, un evento que desplazó 8,9 kilómetros cúbicos de material —equivalente al volumen de 1.500 Grandes Pirámides— y profundizó la caldera marina de los 150 a los 850 metros de profundidad en el archipiélago de Tonga.
Un colapso acelerado y masivo
El análisis publicado en Nature Geoscience demuestra que la depresión volcánica se generó mediante un proceso de hundimiento rápido, desencadenando tsunamis con olas que alcanzaron los 40 metros de altura a 100 kilómetros del epicentro. Los desplazamientos de sedimento y los flujos submarinos destruyeron la red de cables de telecomunicaciones en el Pacífico Sudoeste. Las mediciones indican además que solo el 30 por ciento del magma participante en el proceso eruptivo fue expulsado, permaneciendo la masa restante bajo la estructura del lecho marino.
Cartografía comparativa en el lecho oceánico
La existencia de datos batimétricos de alta resolución tomados antes del evento permitió comparar la topografía marina previa con la posterior a la explosión. Esta disponibilidad cartográfica previa es poco común en vulcanología submarina, donde la mayor parte de las estructuras profundas carecen de mapas detallados. Los nuevos modelos permiten analizar la velocidad de transferencia de sedimentos y la vulnerabilidad de las infraestructuras sumergidas ante eventos tectónicos.
En la erupción del Krakatoa de 1883, el colapso de la caldera provocó la muerte de más de 30.000 personas en Indonesia, mientras que el evento del volcán Hunga causó siete víctimas mortales a escala global, con marejadas registradas en zonas tan alejadas como las costas de Perú y Rusia.
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