
El travertino como cápsula del tiempo geológica
El yacimiento del risco del Capelló opera como un archivo de altísima resolución geológica. Al depositarse la materia orgánica en el suelo durante el Paleolítico Medio, las precipitaciones de agua ricas en carbonato de calcio cubrieron rápidamente la madera. A medida que el tejido vegetal original se descomponía de forma natural, la roca calcárea formó moldes exactos. Este proceso ha conservado la volumetría tridimensional de los objetos con tal fidelidad que los análisis microscópicos actuales logran identificar los rasgos histológicos anatómicos de las especies arbóreas, revelando incluso la estructura celular de las fibras del tronco y las raíces.
Lanzas de empuje y armamento sin paralelismos
A lo largo de 16 niveles arqueológicos excavados sistemáticamente durante las últimas cuatro décadas, los investigadores han logrado aislar 13 herramientas íntegramente manufacturadas. Entre los hallazgos de mayor impacto técnico se encuentran dos lanzas de caza localizadas en el Nivel R. La primera, diseñada mecánicamente como lanza de empuje para enfrentamientos físicos a corta distancia, alcanza los 2,45 metros de longitud. La segunda unidad mide 1,99 metros y conserva intacta su punta afilada. Ambas piezas se incorporan al extremadamente escaso registro de armamento de madera del Paleolítico europeo, compartiendo estatus arqueológico con los famosos hallazgos de Schöningen y Lehringen en Alemania.
Ingeniería estructural y domesticación del espacio
El catálogo material extraído documenta una manipulación del entorno altamente planificada. En el Nivel P, los arqueólogos aislaron un objeto tallado a partir de una única rama que presenta un mango ergonómico y un extremo ensanchado y afilado, similar a una maza, cuya función específica carece de paralelismos anatómicos en otros yacimientos. Junto a esta herramienta, las excavaciones han documentado fragmentos de corteza configurados como bandejas o recipientes, postes de madera cruzados que sugieren la construcción de estructuras elevadas para el procesado de alimentos, y una pieza rectilínea de 5,10 metros de largo empleada para modificar y compartimentar el espacio interior del abrigo rocoso.
La gestión energética de estas comunidades dependía estructuralmente del pino silvestre (Pinus sylvestris), identificado como la biomasa principal del asentamiento. La distribución espacial y la volumetría de la leña fosilizada revelan una recolección selectiva y un almacenamiento calculado para garantizar la combustión ininterrumpida de los hogares.
«Durante décadas hemos podido reconstruir con mucho detalle qué hacían los neandertales con la piedra. Los miles de restos líticos recuperados en el Abric Romaní nos permiten reconstruir procesos de talla, seguir el movimiento de las piezas y entender cómo distribuían sus actividades», afirma la doctora María Gema Chacón, investigadora del IPHES-CERCA. «La madera nos abre ahora parte de un mundo que casi siempre había desaparecido».
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