¿Huellas de algo vivo? El Curiosity halla marcas «imposibles» en Marte y la NASA se queda sin respuestas

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Tras el revuelo de la «medusa marciana», el viejo rover de la agencia espacial acaba de enviar imágenes de unas insólitas perforaciones en el suelo que rompen todas las reglas geológicas conocidas.

El planeta rojo tiene la extraña costumbre de poner a prueba todo lo que creemos saber sobre él. Cuando todavía no se ha apagado el debate en redes por la inquietante silueta de la «medusa marciana» —aquella sombra captada hace un tiempo que parecía sacada directamente de La Guerra de los Mundos—, el rover Curiosity ha vuelto a enviar material que trae de cabeza a los científicos. Esta vez no es un efecto óptico en el horizonte, sino algo físico en el suelo: una serie de desconcertantes agujeros que, sobre el papel, no deberían estar ahí.

El hallazgo se produjo mientras el vehículo explorador atravesaba Valle Grande, una inmensa región rica en sulfatos situada en las laderas del monte Sharp. En un mundo constantemente barrido por vientos feroces y el impacto de meteoritos, ver marcas en la piedra no es ninguna novedad. Sin embargo, estas cavidades han dejado totalmente descolocado al equipo de la misión.

¿Por qué son tan raras? En condiciones normales, el lecho rocoso marciano presenta pequeños huecos cuando los nódulos de minerales más duros se terminan erosionando y caen, desprendiéndose de la roca blanda. El problema es que los agujeros que acaba de fotografiar el Curiosity no encajan en esa regla. Tienen aproximadamente un centímetro de diámetro, son inusualmente anchos, muy poco profundos y, lo más llamativo: no hay absolutamente ningún rastro de los objetos o piedras que debieron ocupar ese espacio para formarlos. Es como si alguien hubiera presionado el suelo y se hubiera llevado el molde. Simplemente, no están.

Ante la falta de respuestas, los ingenieros de la NASA no han perdido el tiempo y han apuntado los instrumentos más avanzados del rover directamente hacia las marcas. La cámara de lente manual (MAHLI) ya ha tomado primeros planos al milímetro, mientras la Mastcam recopila imágenes estéreo para montar un modelo tridimensional del terreno. El objetivo es calcular la geometría exacta de los agujeros e intentar «rebobinar» el tiempo para entender qué proceso físico los originó. Por ahora las apuestas están abiertas: podría ser un tipo de erosión que jamás habíamos documentado, una rareza química en la roca o algo completamente distinto.

Un hito histórico en medio del misterio

Este nuevo enigma aterriza en un momento muy dulce para el Curiosity. A finales de agosto, tras 14 años devorando kilómetros en la superficie marciana, el rover logró superar los 1.000 metros de desnivel acumulado en su escalada por el monte Sharp. Un hito que, además, ha venido acompañado de un cambio de paisaje radical.

El explorador ha dejado atrás las zonas esculpidas hace eones por corrientes de agua subterránea para meterse de lleno en terrenos mucho más duros y grises. Allí, sus láseres están analizando rocas con una resistencia totalmente inédita, buscando pistas sobre cómo Marte pasó de ser un mundo húmedo y potencialmente habitable al desierto helado que conocemos hoy.

Tras superar un pequeño fallo de conexión reciente y ver cómo se disipaba una tormenta de polvo regional, el incansable Curiosity sigue adelante. Resolver el origen de estas misteriosas «pisadas» llevará tiempo, pero el hallazgo demuestra que, por muchas décadas que llevemos observando Marte, el planeta vecino todavía guarda ases en la manga capaces de dejar sin palabras a la ciencia.

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