La sonda Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO) de la NASA acaba de confirmar el hallazgo del mayor cráter de impacto reciente en el Sistema Solar: una cicatriz de 222 metros de diámetro y 43 de profundidad en la cara visible de la Luna. El evento, provocado por un asteroide del tamaño de un edificio de seis plantas, se produjo en la primavera de 2024, pero pasó completamente desapercibido para los telescopios terrestres hasta que el escrutinio automatizado de las imágenes orbitales destapó la colisión.
Un impacto masivo a hipervelocidad
El nuevo accidente geológico ha sido bautizado como McGetchin, en honor al difunto científico lunar Thomas McGetchin, exdirector del Instituto Lunar y Planetario de Houston. Las imágenes de alta resolución muestran un abismo que triplica la anchura del anterior récord de cráter reciente y supera el área del Coliseo romano. Los registros de la agencia espacial, sustentados por investigaciones publicadas en la revista Science Advances, sitúan el impacto de la roca exactamente entre el 11 de abril y el 22 de mayo de 2024 .
Onda expansiva y rastro térmico
La violencia del choque alteró la geología de la zona muy por encima de las estimaciones teóricas. El polvo y los escombros salieron proyectados a distancias que superan los mil radios del propio cráter . Al mismo tiempo, el análisis espectral detectó una región de 6,4 kilómetros de ancho alrededor del agujero con propiedades térmicas modificadas, la prueba directa de que el impacto removió y perturbó violentamente la capa superior del suelo lunar . El sedimento desenterrado y esparcido llegó a cubrir un área superior a los 106 kilómetros a la redonda.
Amenaza estadística para las bases habitables
El registro geológico indica que una colisión de esta magnitud ocurre estadísticamente una vez cada 132 años. Estos parámetros empíricos son la base sobre la que los ingenieros estadounidenses tendrán que recalcular los niveles de resistencia y el blindaje necesarios para los futuros hábitats del programa lunar. Mark Robinson, autor principal de uno de los estudios y responsable del LRO, ha calculado que la capa superior de polvo de la superficie del satélite sufre un proceso de «jardinería» o rotación completa cada 80.000 años debido a estos impactos constantes.
«Eso significa que las huellas dejadas por los caminantes lunares del programa Apolo definitivamente habrán desaparecido en ese periodo de tiempo», sentenció Robinson
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