
La anomalía electromagnética y la segunda colisión
La versión documentada por Richard French introduce un factor tecnológico táctico en la narrativa de la Fuerza Aérea. Según el oficial, las aeronaves detectadas en julio de 1947 no se precipitaron al suelo por fallos de navegación o condiciones atmosféricas adversas. El despliegue militar estadounidense activó un arma experimental basada en pulsos electromagnéticos.
El impacto de este pulso desestabilizó por completo la electrónica de los objetos, bloqueando sus sistemas de control de vuelo y provocando un descenso abrupto [cite: 2.1.1]. French fundamentó su testimonio en información técnica recabada durante su servicio y corroborada por una fuente militar confidencial que operaba en la zona cero. Este informante ratificó las coordenadas exactas de una segunda colisión, localizada a escasos kilómetros del perímetro original del impacto, un área que las brigadas de recuperación acordonaron de forma simultánea.
La caja de la Sección de Historia en Langley
El protocolo de clasificación del material recuperado convergió directamente en las instalaciones de la Agencia Central de Inteligencia. Chase Brandon, un operativo que acumuló 35 años de experiencia supervisando misiones encubiertas internacionales, accedió a una zona reservada de la CIA conocida como la Colección de Inteligencia Histórica.
Durante una revisión en este sector de acceso restringido, Brandon localizó una caja etiquetada explícitamente con la palabra «Roswell».
Al registrar el interior, el agente identificó documentos escritos y materiales físicos de la época
«Miré dentro de esa caja y allí estaban los materiales, los papeles y los objetos. Fue una nave que vino de otro planeta», declaró Brandon ante la prensa al abandonar su puesto en la agencia gubernamental.
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